De diarios y escritores

¿Para que sirve llevar un diario de escritor? ¿Cómo usan los escritores sus diarios?

Llevar un diario es una manera de registrar los sucesos de la cotidianidad, a los que la persona que escribe añade la reflexión o la dimensión emocional, desplegando en forma visible lo más profundo de su psiquis. Podemos decir, tal como Virginia Woolf acerca del Diario de Katherine Mansfield, que lo que éste ofrece es "el espectáculo de una mente". "Nos parece estar contemplando una mente a solas consigo misma; una mente que piensa tan poco en el lector que incluso de vez en cuando utiliza una taquigrafía propia o, como tiende a hacer la mente en su soledad, se divide en dos para hablar consigo misma." 

Pero para el escritor, todo lo que allí apunta, no es un mero ejercicio de introspección; está guiado por un interés particular, una mirada o perspectiva distintiva, desde la cual  contempla la vida: "Todo lo que siente, ve y oye, no es fragmentario ni desplazado; pertenece en conjunto a su escritura.", continúa Woolf acerca de Mansfield. "A veces apunta comentarios pensados directamente para un relato. 'A ver si cuando escriba sobre aquel violín recuerdo cómo asciende y desciende triste, como busca', anota. O bien, 'Lumbago. Es algo muy extraño. Tan repentino, tan doloroso. Tengo que recordarlo cuando escriba sobre algún anciano. La iniciativa de levantarse, el descanso; la mirada furiosa, y cómo, de noche, tumbado en la cama, uno parece que está bloqueado...'" 

Para algunos, como Henry James, el diario era una parte inseparable de su oficio. Casi todo lo que escribió está registrado en alguno de sus nueve cuadernos, fechados entre 1878 y 1911. En muchos casos, hay esbozos de lo que resultó ser más tarde un cuento; a veces apuntaba la idea principal de una obra; en otras ocasiones, análisis minuciosos de secuencias de acción completas.
Un ejemplo del modo en que utilizaba el diario como registro de su oficio, lo encontramos en el siguiente fragmento:
"10 de enero de 1896. Voy a hacer para O.C., en 7000 palabras, el temita de las dos personas que nunca en la vida se encontraron. Lo preveo en cinco capítulos, todos diminutos e intensamente escuetos, con cada palabra y cada toque contando algo. Sólo me queda llevarlo al papel; pero antes de dar un solo paso he de verlo todo claro como el cristal."

Walter Benjamin, asimismo, recomendaba llevar un cuaderno de notas, pero advertía sobre la necesidad de ser muy riguroso al registrar cualquier cosa: "No dejes que ningún pensamiento pase de incógnito y lleva tu cuaderno de notas con el rigor con que las autoridades llevan su registro de extranjeros." 
Ese rigor tenía que ver con la reflexión que demora el momento de la escritura de una idea: "Haz que tu pluma sea reacia a la inspiración y entonces la atraerá con la fuerza de un imán. Cuanto más reflexiva sea la demora en la redacción de una idea, tanto más maduramente desarrollada se te entregará. El habla conquista el pensamiento, pero la escritura lo domina."

Según la experiencia que relata la escritora italiana Natalia Ginzburg, llevar un cuaderno de notas sirve no para acopiar detalles útiles, sino para entrenar una manera de mirar el mundo: "Cuando comencé a escribir iba siempre a la caza de personajes que me pudieran servir para mis cuentos, miraba a la gente en el tranvía y por la calle, y cuando encontraba una cara que me parecía adecuada para entrar en un cuento, tejía en torno de esta cara ciertas deducciones sobre su personalidad y su historia. [...] Tenía un cuaderno en el que escribía algunos de estos detalles que había descubierto o ciertos diálogos o episodios que me juraba utilizar alguna vez en un cuento. [...] Sin embargo comprendí que rara vez estas frases me servían cuando escribía un cuento. El cuaderno era una especie de museo de frases, todas cristalizadas y embalsamadas, muy difícilmente utilizables. [...] El cuaderno no me servía para lo que yo quería, pero cuánto había visto en aquel tiempo..." 

La propia Katherine Mansfield insistía, sin embargo, en que el cuaderno de notas debía ser siempre subsidiario de un proyecto mayor, no convertirse en un fin en sí mismo: "... dado que muchos de los escritores consideran su contenido como absolutamente interesante y satisfactorio, ¿no hemos de preguntarnos si el riesgo de producir algo de mayor envergadura, más sólido y más positivo, no ha sido dejado de lado? Los cuadernos de notas de los jóvenes escritores son sus únicos laureles, y prefieren dormirse en ellos".

Estos ejemplos y consejos de grandes maestros de la narrativa, nos brindan algunas pautas acerca de cómo aprovechar el recurso del diario, convirtiéndolo en apoyatura para el trabajo en la escritura de ficción.

Juliana Accoce

Textos citados:
  • Benjamin, Walter, Calle de mano única. Edición y prólogo de Jorge Monteleone. Traducción de Ariel Magnus. El cuenco de plata, 2014.
  • Ginzburg, Natalia, Il mio mestiere, en Ginzburg, Natalia, Opere. Milano, Mondadori, 1991. Traducción de L. B. en: Brizuela, Leopoldo, Instrucciones secretas. Guía para empezar a escribir. Buenos Aires, Colihue, 1998. 
  • Mansfield, Katherine, On Virginia Woolf's kew gardens. Traducción de L. B. en: Brizuela, Leopoldo, Instrucciones secretas. Guía para empezar a escribir. Buenos Aires, Colihue, 1998. 
  • Woolf, Virginia, "Una inteligencia terriblemente sensible", en: Mansfield, Katherine, Diario. Buenos Aires, Debolsillo, 2011. 

Entradas populares de este blog

Trasnoche, de Pablo de Santis: más allá de la zona de influencia

Ojos amarillos, de Ricardo Mariño

Cosas pequeñas: Monigote en la arena, de Laura Devetach