Mirar la trama de cerca

Pero yo ya me tenía estudiado este cuento. Lo hice en el primer año de la facultad. Lo diseccioné -recuerdo perfectamente- con una lente de análisis, a partir de unos conceptos que Noé Jitrik había desarrollado para el análisis de Bestiario. Clasifiqué sus elementos, los relacioné en un esquema... hice una monografía. Alcancé un buen resultado académico. ¿Qué me queda aún por descubrir en este texto? ¿Por qué ahora, en medio de la escritura de un cuento, sé que tengo que ir a buscarlo y volverlo a leer?

Porque lo que me interesa esta vez es otra cosa. Es aquello en lo que no me he fijado antes: aquello en lo que el análisis literario y la crítica académica no se fijan, porque están siempre hablando de otra cosa. De otras cosas en relación con el texto. Lo que a mí me interesa ahora es esto: cómo está escrito.

Y para eso hay que mirarlo de cerca. La imagen que me viene a la mente es la de mi abuela, experta tejedora, queriendo averiguar cómo estaba hecho un pulóver tejido por otro: con los ojos casi pegados a la tela,  a causa de la vista agostada por la edad, trataba de descifrar: un lazo, una cadena..., mirando allí especialmente en donde dos partes del púlover se unían, en donde dos puntos se combinaban, estudiando: cómo lo hizo.

Y ahí es donde viene a servir tener algunas categorías de referencia: es fundamental saber distinguir una lazada de un revés. Y entonces se manejan los conceptos. Tener categorías de análisis -aunque más no sean las gramaticales- ayuda a entender cómo se hizo. Al momento de escribir, la teoría sirve para eso.

Como señala Natalia Méndez, "quizás la literatura es el momento en el que el truco está delante de nuestros ojos y nos maravilla, nos asombra, nos conmueve y nos convence de que existe la magia. Pero en el fondo sabemos que hay un truco, y queremos descubrirlo." Especialmente si se quiere ser un mago.

En este último caso, hay que tomar el consejo que es tan válido como para cualquier otro campo del conocimiento humano, y subirse a los hombros de los gigantes. Lo que yo quiero hacer probablemente otro lo hizo antes (o algo parecido, o algo que sería el germen, o...) -establezcamos que la originalidad es un mito romántico, que el lenguaje nos preexiste, y que somos hablados por él-. Y vayamos a buscar en los textos de los grandes ese saber: cómo lo hizo.

Y ahora me voy dando cuenta de que estas reflexiones se están convirtiendo en un ensayito sobre lo que se aprende en un taller. O de lo que yo aprendí en un taller. Y quizá es esto lo más importante de todo: uno va con la idea de que va a aprender a escribir. Pero aprender a mirar -en palabras de Flannery O'Connor- "está en la base de todas las artes". Quizá esa es la tarea más imperceptible y más fina de un maestro: enseñar a mirar.

Bienvenidos. No digan nada. Miren bien. Miren de cerca.

Juliana Accoce

Entradas populares de este blog

Trasnoche, de Pablo de Santis: más allá de la zona de influencia

Ojos amarillos, de Ricardo Mariño

Cosas pequeñas: Monigote en la arena, de Laura Devetach